La ciudadanía juvenil, viviendo en un mundo del revés…

Partiendo de que este texto “Construint la ciutadania juvenil” de Jorge Benedicto, no solamente intenta analizar en que consiste ser ciudadano en las sociedades democráticas que en la actualidad se tiene, y como los jóvenes de hoy día, pueden llegar a serlo incluyendo todos los rasgos que caracterizan la condición juvenil; también trata de muchos aspectos que afectan tanto positiva como negativamente la actividad social de los jóvenes, un ejemplo a seguir es el Libro Blanco sobre políticas de juventud en Europa, el cual pretende cumplir con dos objetivos fundamentales: facilitar la transición de los jóvenes al mercado de trabajo y desarrollar su ciudadanía activa.

También se reflexiona sobre la ciudadanía en sí, donde Benedicto (2003) afirma que “hablar de ciudadanía permite centrarse en los jóvenes de hoy día, y no en los adultos del mañana, sin que eso quiera decir despreocuparse de los aspectos centrales de la vida de los jóvenes, tanto en el presente como en el futuro”.

Por otro lado, Benedicto (2003), también plantea la importancia que tiene la vinculación del logro de la ciudadanía junto con la juventud, dado que siempre se hparticipaciocc81n-juvenila tenido en cuenta al joven solo en el ámbito educativo y nada en lo participativo hasta no estar en la era de la adultez. Esta antigua y tradicional visión sobre la juventud en la no acción participativa social, ha creado una “imagen negativa” de la misma según Morán y Benedicto (2003), la cual ha estado impidiendo de este modo que se pueda valorar de forma justa la contribución de los jóvenes como miembros activos sociales, así como analizar los factores que favorecen u obstaculizan que lo puedan ser.

En cuanto a la posibilidad de una ciudadanía juvenil, Benedicto (2003) comparte la idea de Peña (2000), respecto a los tres tipos de corrientes o tradiciones de pensamiento que pueden identificar el análisis de la ciudadanía. El primero, hace referencia al pensamiento liberal, el cual se caracteriza por la prioridad que otorga a los derechos individuales, el segundo, en cambio, trata sobre el comunismo, que sitúa en el centro de su planteamiento la vida comunitaria y la pertinencia del individuo en esta vida, y el tercero, hace alusión a la tradición republicana, que enfatiza la importancia de la participación como valor fundamental de una comunidad que se construye con la colaboración de sus miembros. (Peña, 2000) y (Benedicto, 2003).

 Por otra parte, cabe destacar que existen cuatro logros fundamentales que definen en la actualidad la imagen ideal del ciudadano. En primer lugar, un ciudadano es una persona integrada en la sociedad mediante su participación en el sistema económico, es decir, a través del mercado de trabajo.

La integración cívica a través de la independencia económica proporcionada por el trabajo tiene una naturaleza excluyente bastante evidente. Como ya señalaron Jones y Wallace (1992), la forma en la que se entendía la ciudpictures_20110407_2119605713_crop1sub7adanía provocó en su momento que tanto las mujeres como los propios jóvenes no pudieran ser considerados como “ciudadanos por delegación”. Pero esa visión, por suerte, respecto al ámbito de la mujer ha ido cambiando desde que ésta se ha ido incorporando cada vez más al mundo laboral, pero en contrapartida, no se puede decir lo mismo del colectivo joven, el cual sigue estando estancado sin poder desarrollarse como individuos independientes donde puedan llegar a alcanzar la emancipación y un trabajo estable y bien remunerado, dado que hoy día, a lo que mucho pueden llegar a aspirar es a empleos precarizados o mantenerse en el ámbito educativo y seguir formándose como futuros/as profesionales, aunque muy pocos de ellos/as consiguen desempeñar las funciones como tal y cumplir con sus principales objetivos: independizarse y pertenecer al mundo laboral de forma activa y segura.

De este modo se piensa la juventud, como una etapa de espera y subordinación hasta que finalice la transición a la vida adulta. Hasta eso, la vida del/de la joven se podría representar como un/a aprendiz social, donde el/la joven sería un alumno/a de la sociedad, de la ciudadanía, que hasta que no haya alcanzado la adultez, éste/a está tutelado/a y en una posición de dependencia.

Por otro lado, al ciudadano no solo se considera como una persona integrada en la s1752930ociedad mediante su participación en el sistema económico, sino que también el Estado le reconoce una serie de derechos y obligaciones colectivas que debe cumplir como expresión de su pertenencia a la comunidad, como por ejemplo el pago de impuestos y el cumplimiento de las leyes establecidas, el cuidado y mantenimiento de la familia, votar en las elecciones, etc.

De igual forma, el ciudadano/a también se caracteriza por el tipo de vínculo que mantiene con la esfera publica y poder participar en los asuntos colectivos. Por desgracia, es la que más difícil resulta establecer, ya que en nuestras democracias actuales predomina una actitud de retroceso hacia la esfera de la vida privada y de desconfianza y desinterés respecto a todo lo que tenga que ver con el público o el político institucional; por lo que convendría hablar más de una ciudadanía juvenil pasiva que activa.

Otra cuestión que no suele tenerse en cuenta es que, entre bastantes jóvenes, el desinterés y política son expresiones de un sentimiento de malestar por la escasa atención que sus deseos y necesidadesmai68 reciben de la política adulta, y de la crisis de legitimación que acosa el sistema político representativo, lo que les lleva a buscar rutas alternativas de acción en la esfera pública, según O’Toole (et al. 2003). Y cuando la pretendida apatía deja paso a la implicación, muchas veces en forma de irrupción en el espacio público para reclamar sus objetivos, las críticas suelen aumentar si esta acción no sigue los procedimientos institucionales establecidos, si la participación juvenil desborda o cuestiona de alguna manera los preceptos normativos de la ‘buena ciudadanía”.

¿Entonces cómo pretenden que defendamos nuestra existencia si no nos dejan otro camino?

Por lo que dice Benedicto (2003), en el artículo estudiado, los jóvenes necesitan aprender a asumir las consecuencias, muchas de las veces imprevisibles, de procesos transitorios, reversibles, en las cuales las condiciones materiales sigan ejerciendo una considerable influencia sobre los resultados, aunque su acción sea menos visible, mas heterogénea y se entrecruzan con la de los factores institucionales i los biográficos. Solo así, siendo conscientes de los riesgos y diseñando estrategias para superarlos, la juventud podrá llegar a ser agentes activos, capaces de intervenir en los procesos que determinen sus vidas y las de las comunidades donde viven.

Finalmente, respecto al individualismo, existen dos aspectos de esta visión del ciudadano que han sido objeto de especial crítica por parte de muchos especialistas. En primer lugar, se trata de un individualismo que atraviesa toda la institución de la ciudadanía, es decir, un individualismo que desconoce las diferencias entre los miembros de la comunidad y oculta así la diversidad inseparable a la comunidad y el creciente pluralismo, al igual que desconoce las relaciones desiguales de poder de unos sectores sociales y otros, lo cual provoca subordinación y exclusión, de los más desfavorecidos.

En segundo lugar, el aspecto que ha provocado más críticas se refiere al predominio de una concepción pasiva de ciudadanía y sus efectos ciertamente negativosmundo-al-revc3a9s sobre la contribución de los ciudadanos/as a la sociedad. En lo que respecta a la juventud, éstos lo tienen difícil, en cuanto a ser considerados como miembros plenos de la comunidad, puesto que les falta atributos, y la sociedad en sí, se contradice. Es decir, por una parte, a pesar de que no se les atribuye la condición de ciudadano, se les exige que den muestras de interés e implicación en las cuestiones colectivas, se les insta a cumplir una serie de normas y deberes que los acerquen a la imagen del buen ciudadano, pero por otra,  cuando se deciden a implicarse en la comunidad y participar activamente, se encuentran en bastantes ocasiones con la experiencia cotidiana de la falta de atención por parte de los adultos, o incluso la discriminación debido a la edad.

“Señoras y señores a esta sociedad no hay quien la entienda y es como vivir en el mundo del revés” Vivó (2016).

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